Tuesday, December 2, 2014

Los lineamientos estratégicos de los EE. UU. post 11-9

Tema:
Lectura: Los lineamientos estratégicos de los EE. UU. post 11-9: algunas de sus implicancias internacionales y hemisféricas
Autor: Carlos Fabian Calle

En el mes de septiembre del 2002, el gobierno de los Estados Unidos presentó su Estrategia de Seguridad Nacional (ESN)1. La ESN está dividida en nueve secciones ordenadas de acuerdo a dos grandes temas. El primero es la seguridad, el segundo la economía. El principal compromiso del gobierno, dice el informe, es defender a la nación de sus enemigos. El segundo, expandir por todo el globo la democracia, el libre mercado, la lucha contra la corrupción y los derechos humanos.

El objetivo explícito del ESN es hacer usode esa posición singular para garantizar décadas de estabilidad, bienestar, paz y democracia. La posición de los Estados Unidos será mantenida mediante dos estrategias. La primera es la de los ataques preventivos. Si desde Truman en adelante la política exterior se basó en una contención agresiva, hoy se basa en una acción preventiva. La segunda estrategia es la disuasión hacia potenciales adversarios.

Tal como veremos con posterioridad, la estrategia preventiva y más proactiva se centrará en la amenaza encarnada por el terrorismo internacional (y sus vinculaciones con el crimen organizado) y los denominados “Estados villanos” o “eje del mal” (entre los cuales Bush destaca los casos de Irak, Irán y Corea del Norte) mientras que la relación con grandes potencias como China tenderán a conducirse con una mayor dosisde elementos propios de la disuasión y la contención.

Esta nueva Estrategia de Seguridad tuvo como antecedente el terrorismo catastrófico del fatídico 11 de Septiembre del 2001. Ya sea en 1950 como en el 2002 ambos documentos definen sus intereses en términos de amenazas. En el 2002 la amenaza provendría las redes del terrorismo internacional y su diversas relaciones con los “Estados villanos” dotados de armas no convencionales.

En el post 11/9 el reto es readaptar las operaciones, procedimientos y capacidades existentes para este nuevo tipo de guerra.

A partir del 11-9, los enemigos han dejado de ser básicamente Estados para pasar a ser una red o una compleja organización o coordinadora de organizaciones como parece ser Al Qaeda. Su importancia como amenaza pasa a ser su control de armas de destrucción masiva y su eventual interacción con el terrorismo internacional.

De lo que estoy hablando es de seis o siete países que han sido clasificados como terroristas, Irak, Irán, Corea del Norte, Libia, Cuba y Siria (...) países que tiene relaciones con redes terroristas como el Hezbolá libanés, Al Qaeda, Abu Sayyaf, Hamas y otros que no sabemos.

En los términos constructivistas de Alexander Wendt, la relación de Estados Unidos con este eje no será una relación kantiana de amigos o lockeana de rivales sino que será una relación hobbesiana de enemigos o, aun más aguda, de “hostilidad absoluta” (o sea el no reconocer en el “otro” ningún tipo de legitimidad ocapacidad de conciliación). Todo ello deriva en al menos cuatro hechos fundamentales. El primero y más evidente es que Estados Unidos actuará como un estado revisionista bajo elprincipio “eliminar o ser eliminado”.

Segundo, la toma de decisiones no tendrá muy en cuenta las perspectivas futuras posibles sino que se orientará siempre al “peor escenario”. Bajo este esquema, poco importa la jugada del otro actor en dirección cooperativa. Tercero, las capacidades materiales relativas serán de suma importancia.

Mientras Estados Unidospiensa su política exterior en términos de amenazas, la Unión Europea piensa en términos de desafíos globales, como el cambio climático, la pobreza, la inmigración, la brecha digital y la intervención humanitaria. Mientras la Casa Blanca busca enemigos, Bruselas busca socios. Mientras el Pentágono se preocuparía por los “Estados villanos”, la UE lo haría por los “Estados fracasados”. No obstante, tal como nos advierte A. Moravcsik, no se debe descuidar ni desvalorizar el rol estabilizador que la UE tiene en zonas tan críticas como los Balcanes, Europa Central y del Este así como en el proceso de transición política y económica en Rusia

La notable capacidad demostrada por la UE en estos temas y campos, la constituyen en un socio estratégico fundamental para la ESN estadounidense. Hay una primera mención que la ESN hace del Cono Sur de América Latina que es para afirmar que esta región, junto a otras, alberga cientos de terroristas que permanecen ocultos en torno a células organizadas.

Acá, el informe menciona las coaliciones flexibles con aquellosque comparten las prioridades y valores de los EE.UU..- El objetivo de las alianzas es promover “seguridad, prosperidad, oportunidad y esperanza”. El único país que la estrategia menciona de manera separada es Colombia, por obvias razones. El caso colombiano se constituye en el mayor exponente regional de una de las claves de la ESN: los EE.UU. ayudarán de manera activa a los países a desarrollar sus propias capacidades para poder defender su democracia y estabilidad frente al accionar del narcotráfico, el terrorismo de todos los signos y el crimen organizado y en el caso que ello no sea suficiente queda la puerta abierta para intervenciones más directas por parte de la superpotencia.

De todas formas, la importancia que este Documento Nacional de Seguridad (y aun artículos publicados recientemente en revistas estrechamente ligadas a la visión estratégica estadounidense) le brinda a la democracia, el mercado y la no corrupción como factores estabilizadores frente a enemigos noestatales como el terrorismo internacional y el narcotráfico, hacen que sea altamente probable que “algo cambie”.

Los debates post guerra fría y post 11-9 en la toma de decisiones y en la Teoría de las Relaciones Internacionales: buscando las nuevas certezas

Como afirma George W. Bush, en la presentación de la ESN, la causa de los Estados Unidos va más allá de la defensa del país. Los Estados Unidos encarnan, según el informe, el triunfo de la idea liberal frente a posiciones utópicas basadas en clases sociales razas o religiones.

Por ello, si por un momento dejamos de lado la tendencia a seguir interpretando el mundo en términos westfalianos -esto es, focalizando la atención en los Estados soberanos y sus relaciones de poder-, y orientamos nuestras miradas hacia los denominados nuevos actores transnacionales o no estatales -entre los que se destacan los flujos de capitales financieros, el terrorismo internacional y el crimen organizado-, la ecuación y las conclusiones de ella derivadas tenderán, seguramente, a complicarse.

Un factor adicional a tomar en consideración en el plano interestatal o más bien supranacional, es la existencia de la Unión Europea (UE), un verdadero gigante económico -comercial y financiero-, con un PBI sumado superior al de los EE.UU., con moneda única, políticas arancelarias y para-arancelarias comunes y representación unificada en ámbitos claves como la Organización Mundial de Comercio (OMC). El "enanismo" o "pubertad" de esta Unión a nivel de capacidades estratégico-militares (según el abordaje teórico más optimista o escéptico que se consulte) no invalidan el hecho que la actual unipolaridad en el plano de la “alta política” convive con una potencia económica de las dimensiones de la UE.

En la visión de Ikenberry, la estrategia posterior a la segunda guerra mundial de los EE.UU. se basó en un trade off entre resignar márgenes de maniobra en el corto plazo, y consolidar su poder e influencia en el largo plazo, estrategia que para este destacado exponente de la corriente liberal estructural de la Teoría de las Relaciones Internacionales no sólo no ha perdido actualidad desde 1989, sino que debe ser preservada y profundizada, en tanto la hegemonía benigna de los Estados Unidos actúa como un fuerte disuasor frente a los intentos de alianzas interestatales que busquen activar los tradicionales mecanismos de equilibrio de poder que han operado cíclicamente en las Relaciones Internacionales.

¿Marcan estas decisiones una tendencia estructural y, por ende, el principio del fin del "Orden liberal"? Tal como intentaremos explicar, la respuesta a este interrogante sería "No necesariamente".

Las tradicionales políticas de equilibrio de poder (basadas en un cálculo casi físico de las capacidades) dan lugar a lo que S. Walt denomina balance de amenaza en donde las percepciones de los actores y factores subjetivos influyen igual o aun más que la cruda distribución de las capacidades al momento de identificar a los rivales o enemigos

En términos del autor realista S. Van Evera, al analizar los escenarios de seguridad internacional, se debe prestar particular atención a la relación existente entre las ventajas o desventajas que, en cada momento histórico, presentan las posturas ofensivas o defensivas del poder militar. La modificación de este equilibrio depende de mutaciones en las capacidades materiales, pero también -y en especial- de las percepciones de los actores

Análisis como los de Waltz o Van Evera, otorgan a la disciplina nuevos instrumentos para hacer referencia a situaciones tan concretas como que la mayor amenaza a la seguridad nacional de los EE.UU. puede no provenir de la segunda potencia nuclear del mundo (Rusia), sino de organizaciones terroristas potencialmente provistas de armas de destrucción masiva o que utilizan aviones comerciales o barcos como verdaderos misiles guiados. A una visión clásica de las Relaciones Internacionales le costaría concebir que una red integrada por unos pocos miles de terroristas, financiada con fondos infinitamente menores a los del presupuesto de Defensa de los EE.UU., pudiera atacar de manera contundente a las capitales económica y política estadounidenses, tal como ocurrió en Septiembre de 2001.

Entre los aspectos más significativos de estos cambios, no desprovistos de resistencia por parte de sectores que uno podría definir como representantes de las alas progresistas y conservadora-nacionalistas del paradigma westfaliano y estado-céntrico, figura la idea que existen Estados que por su tipo de régimen y conducta internacional no son legítimos.

Con ello se ratifica una de las ideas fuerza presente en este trascendental documento, las soberanías nacionales y las estructuras normativas derivadas del derecho internacional westfaliano no podrán servir de refugio frente a las acciones de los EE.UU. y sus aliados.

La propia transición larga y, dentro de ella, los hechos del 11/9 hará que los sectores unilateralistas más lúcidos y pragmáticos tiendan a converger en temas sustanciales con los multilateralistas postwestaflianos. De acá podría surgir un nuevo consenso (si bien con los inevitables matices) que readapte al ordenamiento internacional a las nuevas realidades, tanto en el campo de la seguridad (el terrorismo catastrófico, el fenómeno de los "Estados fracasados" y la proliferación de tecnología hacia actores no estatales), la ecología (el efecto del cambio del clima sobre las personas y recursos naturales) y la economía (los flujos de capitales transnacionales y las innovaciones genéticas).

Si asumimos, como lo advierte J. Nye, que cuestiones como el terrorismo internacional y la globalización financiera requieren de respuestas caracterizadas por un salto cualitativo en la cooperación y coordinación entre los Estados y en donde la información y su adecuado procesamiento adquieren una importancia aun mayor que en el pasado, los multilateralistas postwestfalianos parecen constituirse en la corriente teórica y de toma de decisiones que mejor interpretaría el sistema internacional presente y aun en el mediano y largo plazo. Ello lleva a Nye a proponer a mediados de la década pasada la necesidad de darle una importancia central a la información, en otras palabras el asumir que estamos adentrándonos aceleradamente en una era de la información. Para este destacado académico y ex funcionario en el campo de la Inteligencia Nacional de la administración Clinton, esta nueva era tiene su contraparte en el sector de la Seguridad dado que la conformación de coaliciones de información real y a tiempo entre Estados aliados se constituye en la mejor forma de hacer frente a las amenazas asimétricas o no convencionales que a su vez suelen estar ligadas entre si (el terrorismo, el narcotráfico, el crimen organizado, la depredación ecológica, la proliferación de tecnología de uso dual, etc.)

Con respecto al uso de armas no convencionales por parte de terroristas, advertía, que su uso y adecuada utilización distaba de ser una tarea sencilla. Por lo tanto, al menos por el momento, el principal riesgo era que algunos de estos grupos terroristas adquiriera alguna arma de destrucción masiva de los arsenales de los Estados. No obstante, pese a la necesidad de tener en cuenta la posibilidad del terrorismo no convencional, el terrorismo seguiría utilizando explosivos y armas livianas. Mientras tanto, irán creciente lentamente el terrorismo informático y atentados con armas no convencionales.

Uno de los temas claves para analizar el debate en el campo de la Teoría de las Relaciones Internacionales y con ello intentar interpretar el mundo ha sido históricamente la cuestión de las polaridades en el sistema internacional. En otras palabras, si se trataba de un sistema en donde imperaban una, dos o múltiples potencias relevantes. Desde la fundadora obra de Tucídides sobre la Guerra del Peloponeso, esta cuestión ha sido motivo de debate y diferentes interpretaciones. El periodo posterior al fin de la Guerra Fría no fue la excepción en este sentido.

Aun S. Huntington, que a comienzos de la década de los  ́90 se inclina por focalizar su atención en los aspectos culturales y civilizatorios del nuevo contexto internacional más que en las polaridades estatales, nos brinda un nuevo término: el unimultipolarismo19. Con ello, Huntington transmite la necesidad de reconocer la ambivalencia entre el poder incontrastable de los EE.UU. y no obstante ello la imposibilidad de esta única superpotencia de afrontar de manera solitaria o unilateral todos los temas relevantes de la agenda internacional. Todo ello, en un contexto caracterizado por el lento ascenso de potencias regionales, la naturaleza en gran medida benigna del poder americano (lo cual retraza la conformación de alianzas que busquen equilibrar su poder) y el mayor peso e influencia de las variables culturales al momento de explicar las presentes y futuras alianzas.

Uno de los desafíos teóricos y a nivel del desarrollo de políticas es el comprender hasta que punto la puesta en el centro de la escena del terrorismo internacional y sus potenciales aliados (los denominados “Estados villanos” con sus regímenes políticos no democráticos, respaldo al terrorismo y desarrollo de armas no convencionales, pero también caracterizados por carecer de las capacidades militares, demográficas y económicas para aspirar a ser actores centrales de la estructura de poder internacional) implica el fin o la atenuación sustancial de las tradicionales disputa de poder entre los Estados y eventuales escenarios de rivalidad geopolítica como en el pasado. En otras palabras, ¿a partir de ahora los principales actores estatales del sistema internacional se verán compelidos a cooperar más estrechamente entre si frente a la amenaza común del terrorismo y la necesidad de darle una mayor previsibilidad y estabilidad a la tan mentada globalización económica? ¿O por el contrario, estos dos desafíos no hacen más que enmascarar o cubrir el ascenso de un nuevo ciclo de rivalidad y competencia interestatal entre los EE.UU. y una o más potencias que aspiran a escalar en la estructura de poder (básicamente la no democrática, demográficamente imponente y nuclearmente dotada China)?.

La respuesta por nosotros propuesta evita caer en algunos de estos dos extremos, si bien tiende a acercarse más al primer interrogante. Para ello nos basamos en reconocer que la amenaza representada por el terrorismo internacional dotado de estrategias asimétricas y, a futuro, armas de destrucción masiva representan un peligro claro y presente. Más aun si como parece, algunos de sus principales mentores parecen haber detectado (certeramente) importantes grados de sensibilidad (para no hablar de vulnerabilidad) en la globalizada e interdependiente economía internacional.

La coexistencia entre el “balance de amenaza” y el “balance de poder”: el rol de Rusia y China en la nueva agenda (guerra al terrorismo) y en la agenda tradicional (competencia interestatal)

Es por lo tanto la guerra al terrorismo un periodo de transición que separa la Guerra Fría y la bipolaridad 1945-1989 de una repetición de la misma pero con China en el lugar de la URSS ?. Planteado en términos tan extremos y cíclicos, la respuesta sería no.

En el caso de Huntington, en su ya famosa obra sobre el choque de las civilizaciones se advierte sobre el peso central que los aspectos culturales tendrán en la determinación de los escenarios de competencia y cooperación en el sistema internacional. En este contexto, Huntington destaca la previsible y creciente tensión entre el mundo Occidental con China y el mundo musulmán.

En el caso de Huntington, en su ya famosa obra sobre el choque de las civilizaciones se advierte sobre el peso central que los aspectos culturales tendrán en la determinación de los escenarios de competencia y cooperación en el sistema internacional. En este contexto, Huntington destaca la previsible y creciente tensión entre el mundo Occidental con China y el mundo musulmán.

J. Maersheimer, uno de los más destacados exponentes del denominado realismo ofensivo subraya la necesidad que los EE.UU. procedan a ver la China como un rival estratégico y como una potencia ascendente que debe ser contenida por medio de estratégicas de offshore balancing o balances de poder regionales tal como los realizados por el Reino Unido en el pasado con el propósito de evitar el ascenso de potencias regionales hegemónicas y con aspiración global

En el mismo sentido J Nye argumenta sobre la necesidad de que los EE.UU. combinaran de manera sofisticada y sostenida un mix de elementos de contención y de compromiso25. Para cumplir con lo primero, se requería la articulación de crecientes relaciones económicas, políticas y militares entre los EE.UU. y los vecinos de China tales como el mismo Vietnam comunista, dotar a Taiwán de la capacidad de la autodefensa, preservar y adaptar la presencia militar de los EE.UU. en Japón y Corea del Sur, alentar la reconciliación y la cooperación entre las restantes potencias asiáticas que por razones históricas tienen resquemores entre si (el caso de Japón y Corea del Sur) igual o mayores que los elementos que las hacen ver a China como una amenaza o como un rival. En cuanto a los elementos de compromiso, se destaca el potenciar los procesos de inserción de China el mercado internacional, su lento proceso de apertura política, el alentar el desarrollo mayores grados de intereses económicos cruzados entre China y las potencias Occidentales y su incorporación al entramado de regímenes e instituciones internacionales tales como la OMC. La visión subyacente en este documento, parece ser la de actuar simultáneamente desde visiones de rival estratégico y de socio económico.

El vínculo estratégico con Rusia y China: más diferencias que semejanzas

Por ende, ¿este mayor acercamiento entre los EE.UU., Rusia y China en materia de lucha contra el terrorismo implica la licuación sustancial de las tensiones geopolíticas a largo plazo entre estos Estados?. Una respuesta taxativa hacia cualquiera de las posibilidades tendería a desconocer los fuertes matices y complejidad del tema. De lo que se puede estar razonablemente seguro es que una respuesta afirmativa se limitaría básicamente a la relación entre Washington y Moscú por las razones que desarrollaremos inmediatamente. No obstante, no parece ser comparable el escenario en lo que respecta a la relación geopolítica y de seguridad a largo plazo entre Washington y Beijín.

Tal como hemos visto previamente, tanto en el ámbito académico, como de influyentes columnistas que abordan temas internacionales y de documentos oficiales como la ESN, China es considerada un rival o un competidor estratégico de primera importancia (vis-à-vis otras potencias regionales). Su fuerte crecimiento económico (con cifras que duplican y triplican el promedio del crecimiento de las potencias Occidentales), su masa demográfica, sus características continentales, la existencia de una extensa diáspora a lo largo de Asia, los antecedentes históricos sobre la fuerza de corrientes nacionalistas y con profunda desconfianza hacia Occidente, la naturaleza autoritaria de su régimen político, la existencia de violaciones sistemáticas de los DD.HH., su economía aun altamente regulada y estatizada, su capacidad termonuclear y de misiles intercontinentales (basados en tierra y en submarinos), sus tensiones militares y diplomáticas con Taiwán, los antecedentes aun relativamente cercanos de su intervención militar (directa e indirecta respectivamente) en las guerras que los EE.UU. enfrentaron en Corea y en Vietnam, las fuertes tensiones sociales, ecológicas y políticas que se esperan en su proceso de reformas, el peso político y económico interno de sus Fuerzas Armadas y su política de transferencia de tecnología bélica no convencional a países rivales de los EE.UU. en Asia y Medio Oriente, son algunos de los factores a tener en cuenta. Por todos ello y tal como ya lo recomendaba el documento elaborado por J. Nye a mediados de los  ́90, los EE.UU. deberían de llevar a cabo un mix de contención y compromiso con China.

Tal vez, la cooperación contra el enemigo en común que representa el terrorismo islámico no tienda a alterar de manera sustancial esta ecuación. Si en cambio, parece posible asistir a un salto cualitativo en lo que se refiere a la relación entre la potencia unipolar y Rusia. En este sentido, la fuerte influencia del Islam en amplias regiones limítrofes a Rusia y guerras abiertas como es el caso de Chechenia y en menor medida en Georgia colocan a Moscú como un actor indispensable e interesado en la guerra al terrorismo internacional de raíz fundamentalista. Otra variable del campo de la seguridad, pero de fuerte contenido geopolítico es la trascendencia que tendría Rusia en una estrategia amplia de contención a una futura superpotencia China.

“las misiones determinan las coaliciones y no a la inversa” como forma de enfatizar la necesidad de mente abierta y flexibilidad al momento de articular alianzas (muchas de ellas ad hoc) en la guerra contra el terrorismo internacional y los Estados ligados a esta amenaza

Aun antes del 11-9 pero con particular fuerza luego de estos hechos, se ha mostrado partidario de una profunda reforma cualitativa de la estructura de las Fuerzas Armadas de su país. La idea de es contar con un poder militar que aproveche al máximo las innovaciones tecnológicas, que esté dotado de flexibilidad y capacidad de reacción para hacer frente a un escenario incierto y con amenazas asimétricas y no convencionales. Un cambio desde la posición mental de cuantificar las capacidades del rival interestatal, a centrar más la atención en el “balance de amenazas” de actores no estatales y que operan en red.

En este escenario, la inteligencia tiene un rol central así como la cooperación internacional.

Reflexiones finales, mirando al hemisferio occidental

El fin de la guerra fría incrementó las referencias y la preocupación por la existencia de las “nuevas amenazas” o “amenazas asimétricas”, encarnadas por problemáticas tales como el terrorismo, el narcotráfico, el tráfico de armas livianas y de tecnología QBN y el crimen organizado.

En este sentido, se conjugaron la existencia de fuertes turbulencias políticas, sociales y económicas, un fuerte crecimiento de la inseguridad ciudadana–y aun más, de la percepción de inseguridad-, la escalada de situaciones de conflictos históricos como es el caso de Colombia, la violencia social en la Argentina durante el 2001, el desafío por parte de bandas armadas al poder estatal en importantes ciudades del Brasil y la presencia y el accionar de grupos ligados al terrorismo internacional. De ello se puede concluir, que si bien en regiones como Medio Oriente y Asia los riesgos a la estabilidad internacional derivan de la presencia de “Estados fuera de la Ley” o “Villanos” dotados de armas no convencionales y lazos con redes del terrorismo internacional, en América Latina la amenaza parece surgir más bien de “Estados débiles” y de tendencias al desorden y el caos que, a su vez, tienden a potenciar el accionar de las amenazas asimétricas.

En términos del Secretario General de la OTAN, Lord Robertson, se debe reconocer que los medios y actores no militares tienen un rol central en la lucha contra el terrorismo y las nuevas amenazas pero que también el factor militar tiene misiones relevantes que cumplir

resulta absurdo que un Estado no use todas sus capacidades para hacer frente a este nuevo escenario estratégico. En este contexto, las fuerzas militares no podrían trabajar adecuadamente sin un marco político-estratégico que guíe su acciona siendo fundamental entrenar adecuadamente a los militares y capacitarlos para facilitar y optimizar su interacción con las agencias civiles dentro del respeto de los derechos y la seguridad de los ciudadanos. Concluye afirmando que cabe tener en cuenta que el uso desproporcionado o inadecuado de la fuerza derivará en algo ineficiente y contraproductivo.

La desestabilizadora combinación de “Estados terroristas” o “villanos”, las redes del terrorismo internacional –y sus aliados tácticos o estratégicos a niveles regionales o nacionales- y la proliferación de armas no convencionales pasó a ser el centro de la preocupación de las próximas décadas. En este contexto, la ESN realiza un agudo análisis sobre la interacción y cooperación entre el terrorismo internacional y el crimen organizado así como la necesidad de poner límite a la difusión de “espacios o zonas no gobernadas” y “Estados débiles” que sirven de base a este tipo de actores no estatales. Frente a la naturaleza de estas amenazas, la cooperación bilateral y multilateral en materia de Seguridad, Defensa, flujos financieros y de mercaderías pasa a tener una importancia vital. En este contexto, the Rule of Law y la fortaleza del Estado democrático y de sus instituciones adquieren una relevancia estratégica concreta frente a enemigos no estatales que ven en los “Estados débiles” y “democracias no liberales” un terreno fértil para su accionar.


En otras palabras, la nueva estrategia tiene el potencial de conjugar y compatibilizar intereses nacionales básicos de los países del hemisferio (estabilidad, seguridad, calidad institucional, transparencia y desarrollo), de ayudar a desideologizar el debate e implementación de la necesaria readaptación de la tradicional división entre Seguridad y Defensa así como de poder debilitar aquellas posturas que por intereses o prejuicios no asumen la existencia de un nuevo escenario de seguridad hemisférica e internacional. Asimismo, y de vital importancia, sería capaz de afectar las fuerzas tectónicas propulsoras del caos y la debilidad de los Estados de las que se valen las nuevas amenazas para incrementar su poder. De darle una adecuada articulación política, de avanzar en nuevas formas de cooperación y coordinación –tanto dentro como entre los Estados del hemisferio- en los campos de la Seguridad y Defensa así como una adecuada comunicación social, dependerá que estos sectores más refractarios o directamente perjudicados por la búsqueda de Ley y el Orden no puedan sumar a amplios sectores políticos y sociales o incrementar su poder frente a la fuerza de la ley y la estabilidad. Se trata, en suma, de que el Estado pueda seguir garantizando –y en otros casos, volver a garantizarlos- el derecho a la vida, a la libertad y a la búsqueda de la felicidad, que son los tres derechos básicos en una democracia liberal.

La OEA como compromiso diplomático latinoamericano

Lectura: La OEA como compromiso diplomático latinoamericano
Autor: Juan Pablo Lohle

Analizar la O.E.A. como compromiso diplomático interamericano, nos sitúa frente a una doble perspectiva.

Por un lado, aquella desde la cual analizarla ajustándose a una referencia histórica, puesto que se trata de una organización regional de más de cien años.

Recordemos que el sistema interamericano y sus instituciones, según Viron Vakyi, es el más antiguo y elaborado sistema de gobierno regional. Sus orígenes se remontan a 1889 y 1890 cuando se reúne en Washington DC la Primera Conferencia Internacional de Repúblicas Americanas que estableció la Unión Internacional de Repúblicas Americanas para promover el comercio, y la Oficina Comercial de Repúblicas Americanas, la cual más tarde se transformará en la Unión Panamericana.

El sistema institucional moderno y su estructura datan de 1948 con la creación de la Organización de los Estados Americanos en respuesta a la formación de otras instituciones en los albores de la Guerra Fría y la bipolaridad. La Carta, expresa los objetivos fundacionales: cooperación hemisférica y los procedimientos para la resolución de conflictos y seguridad colectiva. América Latina se alineaba tras los Estados Unidos.

Tres son los momentos clave en la historia de la OEA son 1948 -con su creación-, 1991 con la XXI Asamblea General, en la que se reformula la estructura y se decide darle un nuevo impulso a la organización, y por último, el momento que vivimos ahora , debatiendo los nuevos desafíos para el 2000.

Por otro lado, también se encuentra la perspectiva de su rol, absolutamente relacionado con los acontecimientos regionales y mundiales.

¿Cuál es el rol de la OEA y el de los Estados miembros en el presente? ¿Cuál es el compromiso diplomático que conlleva a fines de los ‘90s? Estos son algunos de los interrogantes.

Las características de la diplomacia interamericana están dadas, sobre todo, por la definición de la “Agenda Diplomática” del hemisferio. Las prioridades han sido diferentes a lo largo de los años; puesto que han estado y están ligadas a la tendencia hegemónica de la región. Ello es un axioma de la diplomacia de poder , esto es, el consenso de los países más poderosos fija las prioridades, y desde allí se orientan las políticas de las instituciones supranacionales.

AMERICA LATINA EN LOS ‘90s

Hoy podemos decir que América es un continente democrático. Casi todos los países del hemisferio tienen gobiernos elegidos en elecciones abiertas, el pluralismo y el respeto del derecho a participar ya son moneda corriente. Se ha instalado una mayor conciencia de los derechos humanos y se ha evidenciado una verdadera voluntad política, necesaria para iniciar el camino hacia la integración regional y hemisférica.

NUESTRA DIPLOMACIA

Como foro de discusión y análisis la OEA ofrece la oportunidad de un debate en un plano de igualdad entre sus miembros. Es el lugar de reunión de los Estados más pequeños junto a los más grandes de la región. Cada uno de ellos representa un voto en el momento de tomar decisiones. Opera como una pequeña democracia a nivel regional.

Desde el punto de vista diplomático, hay una natural relación entre los Estados miembros, pero también se producen alianzas que tienen como eje intereses recíprocos ya sea por vecindad, por identidad política, o por convergencia de intereses políticos. Es un ámbito multilateral para expresar sus relaciones bilaterales, regionales y multilaterales.

Hacemos referencia a su concepción de la función de los diplomáticos en cuanto son quienes deben informar y expresar el interés de su país, de su gente. Su mandato escencial es proteger a sus compatriotas de cualquier situación de ultraje o persecución. En síntesis, servir a la gente y representar al Estado.

Ahora bien, si además su destino se encuentra, transitoriamente, en la OEA, pues mayor aún es su responsabilidad. En el ámbito de esta organización supranacional no sólo debe cumplir con estas dos funciones básicas expuestas, sino que, además, deberá comprometerse con los valores y principios intrínsecos, expresados en la Carta, con un sentido de cuerpo. Tiene un compromiso principal con su país y tiene uno secundario, pero no por eso menor, con América Latina. Llevan a cabo las estrategias de relación expresadas en la política exterior, directriz de sus acciones.

HACIA EL SIGLO XXI. HAY UNA SOLA OPCION, ¿O SON MUCHAS?

¿El siglo XXI nos va a encontrará con estos valores e intereses comunes por la solidaridad de nuestros pueblos? ¿O nuevos conflictos ensombrecerán esta idea romántica?

¿Cuál es hoy el factor que pueda generar la completa recomposición de la cohesión hemisférica para enfrentar unidos determinados conflictos que se manifiestan en nuestras sociedades? Nos referimos a conflictos tales como el narcotráfico, el terrorismo, la corrupción, la migración laboral, el desempleo, la pobreza extrema y la exclusión, la mortandad infantil, las enfermedades endémicas, el analfabetismo, las trabas al comercio, la competencia desleal, el dumping, etc.

La OEA es el ámbito ideal para debatir las propuestas que sirvan a nivel regional para problemas que nos son comunes, y en este sentido comulgamos con la idea de Tourraine sobre “el retorno de lo político”. Consideramos a lo político como “el” ámbito, en su sentido arquitectónico y organizador de los otros ámbitos. De ahí que apoyamos la teoría según la cual los cambios deben ir de arriba hacia abajo en propuestas programáticas para desenmarañar cuestiones tan complejas. La OEA es el ámbito ideal para debatir las propuestas que sirvan a nivel regional para problemas que nos son comunes, y en este sentido comulgamos con la idea de Tourraine sobre “el retorno de lo político”. Consideramos a lo político como “el” ámbito, en su sentido arquitectónico y organizador de los otros ámbitos. De ahí que apoyamos la teoría según la cual los cambios deben ir de arriba hacia abajo en propuestas programáticas para desenmarañar cuestiones tan complejas.

EE.UU. con una industria y una cultura muy fuerte, es el primero de los tres centros de poder de Tourraine. Han inventado el tipo de sociedad que corresponde a su hegemonía financiera y cultural. Puesto que su papel de “protector de occidente” se ha desvirtuado con la caída del Muro de Berlín y su capacidad de disuasión gracias a su arsenal nuclear.

Según este autor, América Latina es la zona más prometedora a corto plazo entre lo que el denomina “zona de caza” -mercados donde se van a enfrentar los intereses de los centros-.

¿Cuáles son entonces los nuevos elementos que van a jugar en el concepto de seguridad hemisférica para lograr la existencia de un cierto grado de cohesión regional?

Uno de ellos, sin duda, ha sido la democratización de América Latina; condición necesaria -pero no suficiente- para el replanteo estratégico de nuestro hemisferio.

Es necesario desarrollar las políticas correctas en lo interno de cada país, y una vez dado este gran paso -que no es poco- hay que esperar la madurez de los cambios antes de trasladarlos al ámbito regional. Puesto que sino, por un lado trasladamos nuestros defectos al otro, lo condicionamos, pero también nosotros nos perjudicamos al echar a rodar con obstáculos que todavía no conocemos. La integración, y mas aun la integración regional, debe encontrar a sus miembros en iguales estadíos de desarrollo para que sea fructífera, para que la estrategia sea beneficiosa de igual forma a ambos actores.

LA CORRUPCION. UN DESAFIO INTERAMERICANO

Para Moisés Naímvi, la erupción de la corrupción en el mundo se debe a varios factores y aunque no es privativo de regímenes autoritarios éstos colaboran a su existencia con el monopolio estatal, la falta de competencia y de publicidad de los actos de gobierno, como así también con una restringida -cuando no nula- libertad de prensa.

Moisés Naímviii, del Carnagie Endowment Center for Peace, es optimista en cuanto a la posibilidad de que ésta se reduzca y sugiere como combatirla. En primer lugar, a través de fuertes valores morales, los cuales debemos enseñarlos en la casa, en la escuela, en la universidad, y hasta en la calle, con el ejemplo. En segundo lugar, el Poder Legislativo y la Justicia deben ser independientes con mecanismos de elección claros y públicos. En tercer lugar, cita la necesidad de la existencia de una oposición política muy dinámica. Luego aunque obvio menciona la importancia de una prensa libre e independiente -que derive del derecho de libertad de expresión- y por último considera necesario eliminar las políticas económicas que dependan de las decisiones de funcionarios para asignar recursos y guiar las actividades económicas; y así evitar monopolios, amiguismos y clientismo.

La corrupción no sólo es cuestionable por ser un problema ético o moral, que afecta a la sociedad generando un clima de desaliento y confundiendo la escala de valores; principalmente tiene un costo social, agravando las consecuencias del desempleo, la pobreza y la distribución del ingreso.

Un nuevo valor cultural se ha instalado en el hemisferio: el respeto a la diversidad, y la OEA es el ejemplo institucional de lo diverso, pero también de lo poderoso y de lo pequeño a la vez. En sí misma, es una creación de la evolución político cultural del hemisferio. A pesar de las asimetrías existentes entre sus miembros, éste es el foro apropiado para deliberar y acordar las estrategias diplomáticas a nivel regional, tomando conciencia de un origen común como fuerza centrípeta que une. Para otros, las fuerzas centrífugas son más importantes, lo cual es así pero en el marco de la asociación entre bloques, en una etapa posterior.
En tal sentido uno puede preguntarse: ¿Qué futuro le reserva el sistema internacional a los organismos regionales?

ORGANISMOS REGIONALES-ORGANISMOS INTERNACIONALES

Los periódicos pueden anunciar que los cinco miembros del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas han determinado que se ha de intervenir un país en ‘beneficio de su futuro, el de una región, o en el de la democracia, o quizá porque la participación del ciudadano no existe’. Las razones pueden ser muchas, y de peso como éstas, pero no siempre se aplican las mismos principios o conceptos para distintos países, hay otros elementos que se ponen en la balanza antes de proponer una iniciativa de tal magnitud.

COROLARIO

Un mundo en gran transformación requiere una adaptación rápida y eficaz, que acompañe el dinamismo político que requiere la época evitando que sólo cinco países extraregionales -aunque importantes en el concierto internacional-, sean quienes tienen la facultad de decidir el rumbo de las demás naciones.

Esto tiene estrecha relación con la necesidad de desarrollar, en los organismos regionales, un sistema para la toma de decisiones, por el cual el objetivo sea encontrar soluciones rápidas a problemas propios dentro del marco regional provisto por la organización de la cual forman parte a fin de agilizar el sistema multilateral canalizando el debate. En tal sentido, se enmarca el nuevo rol de la OEA: regular los procedimientos para la toma de decisiones evitando las presiones de actores extraregionales en organizaciones más grandes como Naciones Unidas. En el nuevo contexto dado por la globalización, los organismos multilaterales deberán redefinir su estrategia y producir resultados efectivos en temas importantes o actuar sólo cuando los actores no puedan resolver el problema bilateralmente ni regionalmente.

La primera categoría es la corrupción corporativa. Las compañías realizan actividades ilegales para conservar su competitividad; aunque no dependen de violar la ley sistemáticamente para obtener ganancias.

En segundo lugar se encuentran las compañías cuyo objetivo es violar la ley (lavado de dinero). Invierten en negocios legales cuya supervivencia no depende de actividades ilegales. Son un elemento crítico en las relaciones internacionales.

En la tercera categoría se encuentra la corrupción política, interconectada con las anteriores. Es la más conocida conceptualmente y podemos mencionar desde el enriquecimiento ilícito de funcionarios hasta el financiamiento de los partidos políticos.

LA EFECTIVIDAD

Las diferentes percepciones culturales nos llevan a un tema central de la diplomacia interamericana. A pesar de ello, entendemos que no hay más diferencias entre las culturas políticas de nuestro hemisferio de las que hay por ejemplo entre los Estados Unidos con los países del Medio Oriente o del Sudeste Asiático; en esos casos las diferencias tienden a profundizarse.

No obstante la existencia de estas distinciones, existe un importante camino de coincidencias que han ido generando a lo largo de décadas lo que podemos llamar una “cultura interamericana”, un “modus vivendi” que no ha estado exento de incursiones unilaterales por parte de Estados Unidos, potencia hegemónica regional con las ventajas que ello implica y también los condicionamientos que genera. Siendo el Estado dominante de la región, ha tenido gran influencia en los Estados centroamericanos y en el Caribe, como así también en el resto del hemisferio.

RESUMIENDO

Estos hechos, que son producto de la realidad, muestran lo complejo que es, a veces, compatibilizar el interés nacional de los países con sus intereses hemisféricos. Es casi tan difícil como compatibilizar la teoría con la práctica.

Es allí donde la diplomacia juega un rol importante. Podemos decir que en los últimos años se ha creado una diplomacia de carácter interamericano, con las características de la protección a los sistemas democráticos y la preservación de los derechos humanos.

Existen zonas grises más conflictivas, como es la lucha contra el narcotráfico, donde hay países que impiden todo tipo de seguimiento. En tal sentido, hacen una cuestión de “intervención en asuntos internos de otro Estado” tales como las posiciones de Colombia vis a vis los Estados Unidos y de igual manera México -aunque con otras características-.

Así vemos que el organismo hemisférico contiene una gran cantidad de hechos diplomáticos pero no necesariamente se canalizan en acuerdos, sino con serias objeciones por parte de los Estados miembros que sienten la imposición de determinados argumentos y la restricción para viavilizar los propios.

A pesar de ello, la OEA sigue siendo un órgano de diálogo y propuestas para los Estados que la componen.

Los pesimistas sostienen que nunca se logrará avanzar, lo cual es incorrecto. Los avances en determinados temas han sido muy importantes.

Los optimistas somos aquellos que estamos convencidos que la OEA es el organismo que verdaderamente nos reúne a todos los países del hemisferio.


Es verdad que es difícil acordar con tanta asimetría, donde a veces los acuerdos parecen imposiciones o inducciones indirectas de terceros países; pero lo cierto es que el diálogo hemisférico ha crecido. Aún le resta madurar, y en ese camino estamos, transitando hacia el nuevo milenio intentando descifrar un mundo muy distinto, vislumbrando una OEA que siga siendo el lugar común del Continente Americano.

ESTRATEGIA

Tema: Estrategia:
Lectura: Es la estrategia una ilusión
Autor: Richard Betts

La estrategia, es el ingrediente esencial para hacer que la guerra sea o bien políticamente efectiva o moralmente sostenible. Es el vínculo entre los medios militares y los fines políticos, el esquema de como hacer que los unos produzcan  los otros. Sin estrategia, no tiene razón de ser el cómo la fuerza logrará propósitos que valgan el precio de la sangre y los tesoros. Sin estrategia, el poder es un cañón perdido y la guerra es una insensatez. La matanza sin inteligencia solamente puede ser criminal. Los políticos y los soldados pueden debatir cual alternativa estratégica es mejor, pero solo los pacifistas pueden dudar de que la estrategia es necesaria.


PODER

Lectura: El poder simbólico de las naciones. Real Instituto Elcano, Madrid.
Autor: NOYA, Javier. 2005.

La hegemonía de la hiperpotencia norteamericana y su reacción unilateralista ante el terrorismo internacional después del 11-S han vuelto a reabrir el debate sobre uno de los conceptos centrales en las relaciones internacionales: el poder. En este contexto, la teoría del poder blando de Joseph Nye se ha convertido en uno de los argumentos más contestados en foros académicos y políticos. Aunque anterior en el tiempo, la controversia se ha reabierto especialmente a raíz de la profunda crisis de imagen que viven los EEUU tras la guerra de Irak. La cuestión es: ¿puede ser el poder blando un recurso tan eficaz como el poder duro a la hora de lograr los objetivos de la política exterior?

En este debate también se ha tocado el papel de la diplomacia pública, es decir, las políticas de comunicación de los Estados destinadas a lograr el apoyo de la población de otros países a su política exterior.

En este documento[2] en primer lugar se plantea una crítica teórica de la teoría dualista del poder de Nye. Para ello nos apoyaremos en la crítica a otro teórico, Pierre Bourdieu, que incurre en la misma falacia que Nye al tratar las fuentes del poder social no entre las naciones, sino en la sociedad, es decir, entre individuos o grupos de individuos. La conclusión a la que se llega es que el poder blando no es un tipo de poder, sino que cualquier recurso, incluso las capacidades militares, puede ser blando en la medida en que esté socialmente legitimado para un fin. Esto hace que el aspecto de la percepción se convierta en el elemento clave.

Consecuentemente, a continuación en el trabajo se investiga en qué medida las percepciones de los ciudadanos están estructuradas tal y como propone Nye. El análisis indica que la visión dualista no es universal. Tiene una base social clara. Es alimentada sólo por determinados sectores, dentro de cada sociedad: los posmaterialistas. Y comparativamente refleja sólo los valores de las sociedades avanzadas postmodernas.

2. La teoría dualista de Nye

El poder blando es la capacidad de “lograr que otros ambicionen lo que uno ambiciona” (Nye, 2003, p. 30). Es la capacidad de conformar la agenda de los otros actores, de conseguir que otros Estados quieran lo que quiere uno.

Cuadro 1. Poder duro y poder blando

                      

La hipótesis de Nye es que con la globalización y la información el poder blando cobra más importancia, en tanto en cuanto aumentan los costes de la información y la necesidad de credibilidad (Nye y Keohane, 1998).

Pero, a decir verdad, la noción de poder blando en realidad comprende dos capacidades bien distintas:

(1)       Capacidad de atraer, de seducir (persuasión): desde fuera del actor hacia dentro.
(2)       Capacidad de configurar las preferencias (ideología): desde dentro hacia fuera.
En el primer aspecto, el cine y la televisión norteamericanos son uno de los elementos clave de su poder blando; la democracia lo sería en el segundo (Nye, 2003, pp. 32-33). Podemos decir que el primero es el concepto blando de poder blando, y el segundo el concepto duro, pues tiene más implicaciones.

Cuadro 2. Indicadores de poder blando, según Nye

El enfoque de Nye ha sido objeto de numerosas críticas. Para unos, el poder blando es demasiado blando para ser poder (Ferguson, 2003 y 2005). Las potencias siempre intentan legitimar su Realpolitik con valores altruistas, pero no dudan en recurrir a su poder duro para lograr sus objetivos. Por lo tanto, el poder blando es sólo “el guante de terciopelo que envuelve un puño de hierro” (Ferguson, 2005, p. 75).

Para otros, no es un tipo diferente de poder, sino, simplemente, poder duro, sólo que interiorizado y convertido en ideología. Es decir, el poder blando es “un lobo con piel de cordero” (Rosendorf, 2000).

Finalmente, otros autores señalan que las contradicciones de la cultura hacen que unas veces el poder blando pueda ser una prolongación del poder duro, pero que muchas otras se revele contraproducente para sus fines. El poder blando puede convertirse en contrapoder (Gitlin, 2003).

Sin embargo, todos estos críticos aceptan implícitamente el supuesto dualista de Nye. Lo que hacen es cuestionar la composición o la consistencia de los factores blandos. Y ello es así básicamente porque sobre todo tienen en cuenta el concepto blando del poder blando entendido como persuasión.

Por el contrario, Kennedy acierta de lleno cuando critica la distinción de Nye. Para ello recurre al ejemplo de la ayuda militar prestada por los EEUU en la reconstrucción de las sociedades asiáticas afectadas por el tsunami. El uso de la fuerza militar con fines humanitarios en esa crisis tiene una amplia legitimación y, no en vano, como demuestra un reciente estudio del Pew Global Attitudes Project, la imagen de los EEUU ha mejorado en los países musulmanes de la región. En este caso, se desvanece la diferencia entre poder duro y blando, dado que lo que justifica la acción militar, dura, son los fines humanitarios, blandos.
El poder duro puede tener un lado blando. Pero, en buena lógica, también el poder blando tiene su lado duro. El mismo Nye en un momento dado admite la posibilidad al insinuar que el poder blando es cualquier recurso, duro o blando, siempre y cuando esté revestido de legitimidad. Se tiene “cuando los países hacen que su poder sea legítimo a ojos de otros” (Nye, 2004, p. 10).

En esta misma línea Keohane y Grant prefieren hablar de “reputación pública” y resaltan el hecho de que opera en todos los contextos de la acción internacional de los Estados.

La percepción y (des)legitimación es parte esencial del poder. Un recurso se traduce en poder en tanto en cuanto se reconozca como tal y se considere legítimo.

3. Las fuentes de poder internacional en la mente de los ciudadanos

Nótese también que en la etnoteoría del poder blando, es decir, en la visión del común de los ciudadanos que estamos desmenuzando, la ciencia y la tecnología, aunque puntúan alto en el factor posmoderno o blando, forman parte del poder duro o moderno.

Por lo tanto, el primero es el poder blando (el “factor Nye”), y el segundo el poder duro (el que podemos llamar “factor Kagan”). A los que hay que añadir el poder geodemográfico. Forzando un tanto la ecuación de Robert Cooper, también podríamos llamarlos respectivamente poder posmoderno, moderno y premoderno.

El análisis confirma que China es la gran potencia premoderna, en tanto en cuanto es el país con mayor puntuación en tamaño y demografía. Curiosamente, puntúa en penúltimo lugar en la lengua. Es un resultado interesante. Indica que los ciudadanos valoran las economías de escala y tienen más en cuenta el número de países en los que se habla la lengua antes que el número de hablantes.

EEUU es la potencia moderna. Es el país mejor valorado en lo que respecta a poder militar y desarrollo económico, pero también desarrollo científico y tecnológico. EEUU es también el peor valorado en el aspecto político, de calidad democrática, por el efecto de la guerra de Irak y probablemente la asociación con la violación de derechos humanos, desde Guantánamo a Abu Ghraib.

Para los españoles España es la potencia posmoderna, la que tiene mejores puntuaciones en ayuda y cooperación, prestigio de la cultura y hablantes de la lengua. Alemania también entra en la categoría en tanto en cuanto es el país más democrático, aunque esta virtud está anulada por el escaso potencial de su lengua. En las antípodas de Alemania o España están los EEUU, el peor valorado en el aspecto político, pero también en el cultural, dado el menor prestigio de su cultura.

Finalmente es de destacar nuevamente el perfil híbrido del Reino Unido, que puntúa alto en las variables de modernidad y posmodernidad.

6. Conclusiones

El poder blando no es un tipo de poder, sino que cualquier recurso, incluso las capacidades militares, puede ser blando en la medida en que se perciba y se legitime por un fin blando, por ejemplo, humanitario. Esto hace que el aspecto de la percepción se convierta en el elemento clave y que de las dos acepciones de poder blando que de hecho maneja Nye la válida sea la dura, del poder blando como ideología, y no la blanda, del poder blanco como persuasión.


De hecho, al analizar las percepciones se constata que el común de los ciudadanos no tienen esa visión dualista de Nye. Primero, porque tienen una percepción “realista”, del poder como poder duro, y segundo, porque para ellos no hay tensión entre los factores duros y los blandos.